Carta semanal de Mons. Demetrio Fernández: "Ayudas a la
Iglesia, ganamos todos".
Fecha: 17/05/2012
La Iglesia Católica, a la que pertenecen el 92 % de la
población española, no recibe ninguna partida presupuestaria del Estado y lo que
recibe por el cauce de la X proviene directamente de los contribuyentes que así
lo manifiestan libremente.
Uno de los cauces para el sostenimiento de la Iglesia
Católica es el de marcar la X en tu declaración de la renta. Ni se paga más ni
te devuelven menos, y con ello se destina el 0,7 % de tus impuestos para el
sostenimiento de la Iglesia. También puedes marcar al mismo tiempo la X en la
casilla “otros fines sociales” y eso no merma nada al sostenimiento de la
Iglesia. Tienes además los cauces de las donaciones libres y directas a tu
parroquia, a tu diócesis.
La Iglesia es la gran bienhechora de nuestra sociedad
contemporánea.
La Iglesia ha sido pionera en hacer el bien a lo largo de la historia,
con escuelas, hospitales, obras de caridad de todo tipo. Pero, además de su
glorioso pasado, la Iglesia hoy es la principal bienhechora de la sociedad en
múltiples campos.
Cuando alguien no tiene para comer hoy, acude a la Iglesia, y
la Iglesia Católica ofrece a todos (sin que tengan que mostrar ningún carnet) la
ayuda que está a su alcance. Es impresionante la labor de caridad que la
Iglesia está realizando en este momento, atendiendo primeras necesidades de
millones de personas en toda España, que sufren las carencias producidas por la
crisis económica.
Los enemigos de la Iglesia salen en estos días a decir
mentiras sobre esta realidad tan evidente, con intención de contaminar la
opinión pública, pero no lo consiguen. Cuando alguien está en apuro para cubrir
sus necesidades básicas, no acude a los partidos políticos, ni a los
sindicatos, ni siquiera a las entidades (donde se cobran los impuestos de
todos).
La gente acude a la Iglesia Católica, y encuentra siempre acogida y
ayuda hasta donde la Iglesia puede dar. Todo ello constituye un testimonio
precioso del mandamiento del amor, que Cristo nos ha dejado como emblema para
sus discípulos.
La Iglesia Católica, a la que pertenecen el 92 % de la
población española, no recibe ninguna partida presupuestaria del Estado y lo
que recibe por el cauce de la X proviene directamente de los contribuyentes que
así lo manifiestan libremente, y que cada vez son más.
La ayuda que el Estado
da a los colegios concertados, no se la da a la Iglesia, sino a los padres que
tienen derecho a que el Estado subvencione la educación de sus hijos, como
subvenciona la escuela pública. La ayuda que el Estado da a una residencia de
ancianos no es ayuda a la Iglesia, sino al anciano que tiene derecho a ser
atendido.
Una plaza en la escuela concertada cuesta al Estado el 40 %
menos que esa misma plaza en la escuela pública, y no es de menor calidad. Hay
más demanda que plazas en la escuela concertada, gestionada por la Iglesia
católica. Una plaza de residencia de ancianos en las que gestiona la Iglesia
cuesta al Estado el 50 % menos que esa misma plaza gestionada en una residencia
pública, y no es de peor calidad.
Sólo por estos capítulos, la Iglesia ahorra
al Estado miles de millones de euros cada año.
Las Cáritas en todas las parroquias de España están
saturadas de peticiones y, gracias a un voluntariado generoso, que lo hace por
Dios y por los pobres, están siendo atendidas millones de personas, que
experimentan a la Iglesia católica como su dulce hogar.
La Iglesia, por tanto, no es un parásito en la sociedad de
nuestros días. La Iglesia no vive a costa del Estado, sino sostenida por sus
fieles. La Iglesia hace un gran bien a la sociedad de nuestro tiempo, aunque a
los enemigos de la Iglesia les cueste trabajo reconocerlo o incluso lo nieguen
con mentiras que nadie se cree.
Pero, además de estos aspectos tan palpables, la Iglesia
aporta a la sociedad la esperanza del Evangelio, una esperanza que nadie más
puede aportar. Se trata de la esperanza de la vida eterna, se trata del valor
moral de la vida, de toda vida, especialmente de la vida más indefensa, se
trata de los derechos humanos, que sin Dios es imposible cumplir.
La Iglesia no
pide privilegios, sólo quiere libertad para cumplir su misión: para predicar la
verdad del Evangelio, aunque a veces escueza, para administrar los sacramentos
del Señor, para favorecer un mundo nuevo, más justo, más solidario, más
fraterno. En todo esto Dios es siempre un aliado, nunca un adversario.
La
religión es un factor positivo para la sociedad, es un elemento de convivencia
y de paz. Por eso, vale la pena apoyarla, aunque uno no fuera creyente.
Ayuda a la Iglesia, ganamos todos. En tu declaración de la
renta, marca la X.
Gracias.
Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba